Comer es un acto ético, importante y vital. Amasar harina y agua da origen a un proceso vital, que nace, crece, se regenera y se tramanda. Si tuviera que utilizar producto de baja calidad, no podría garantizaros un producto natural, digerible, ligero y sobre todo sano.
Para mí, proponer comida a los demás es un acto fundamentalmente de responsabilidad, que no considero secundario o subordinado a mi actividad comercial y a mi beneficio economico.
Ofrecer lo mejor a mis clientes, hacer que disfruten de los sabores sin intoxicarlos, proponiendo un producto sano, siempre ha sido mi objetivo.
Preparar una comida para mí, mis amigos o mis clientes tiene que tener como base la búsqueda de materias primas de calidad. Esto muchas veces no tiene por qué suponer un mayor gasto económico. Intentar comprar materias primas naturales, frecuentar los mercados y evitar las grandes superfices. Buscar a los pequeños artesanos del gusto, dar valor a la relación directa y a su profesionalidad.
Con los tiempos actuales del vivir rápido, del trabajo y del estrés cotidiano es una tarea difícil, pero es un esfuerzo para vuestra salud y la de vuestros seres queridos.

Andrea Ortolani